El Primer Foro Internacional de Seguridad celebrado en la región de Moscú fue más que una reunión técnica sobre amenazas globales. Fue una demostración política: Rusia mostró capacidad de convocatoria, evidenció que el aislamiento occidental no equivale a aislamiento global y reunió a países interesados en discutir la seguridad internacional desde una perspectiva distinta a la de Washington, Bruselas o la OTAN.

El foro se desarrolló entre el 26 y el 29 de mayo de 2026, y uno de sus momentos centrales fue la XIV reunión internacional de altos representantes responsables de asuntos de seguridad, realizada el 28 de mayo. En ese marco, Vladimir Putin dirigió un mensaje a los participantes, subrayando la importancia de la cooperación internacional frente a amenazas comunes y la necesidad de fortalecer la estabilidad regional y global.

La agenda del foro fue amplia. No se limitó a defensa militar o terrorismo. Incluyó seguridad internacional, estabilidad regional, cooperación contra amenazas transnacionales, ciberseguridad, inteligencia artificial, tecnologías críticas, agua, energía, alimentos, infraestructura, valores tradicionales, neocolonialismo, reforma de la gobernanza global y el papel del llamado mundo mayoritario.

La tesis central es clara: Rusia ha instalado la seguridad internacional como una plataforma de legitimidad multipolar. No se trata solo de hablar de amenazas. Se trata de disputar quién tiene derecho a definirlas, qué actores participan en esa definición y bajo qué reglas se organizará la seguridad global.

El mensaje de Putin: seguridad interdependiente y cooperación global

Vladimir Putin dirigió un mensaje a los participantes del Foro Internacional de Seguridad el 28 de mayo de 2026. El gesto tuvo una función política: ubicar el foro dentro de una agenda más amplia de cooperación internacional, estabilidad regional y seguridad global.

La idea central del mensaje es que la seguridad ya no puede entenderse de forma aislada. Una crisis regional, una amenaza terrorista, una escalada tecnológica, una ruptura en cadenas de suministro o una crisis alimentaria pueden afectar al conjunto del sistema internacional. La seguridad contemporánea es interdependiente.

Ese encuadre permite a Rusia desplazar la conversación. La discusión internacional sobre seguridad no queda reducida a Ucrania, sanciones o confrontación con Occidente; se amplía hacia amenazas transnacionales: terrorismo, extremismo, crimen organizado, narcotráfico, proliferación nuclear, cibercriminalidad, seguridad informativa, manipulación mediática y vulnerabilidad de infraestructuras críticas.

La seguridad, en esta lectura, no es solo militar. Es también tecnológica, informativa, biológica, alimentaria, hídrica, cultural, energética y civilizatoria.

De reunión técnica a plataforma estratégica

El Foro Internacional de Seguridad fue diseñado como una plataforma amplia. La XIV reunión de altos representantes no fue un evento aislado, sino parte de un marco mayor que combinó reuniones oficiales, debates políticos, conferencias temáticas y discusiones sobre nuevas amenazas.

Esa diferencia importa. Una reunión técnica intercambia diagnósticos. Un foro internacional busca construir lenguaje, red de contactos, agenda y legitimidad.

Este espacio funciona como una plataforma donde actores no occidentales pueden debatir temas de seguridad sin pasar necesariamente por instituciones dominadas por Estados Unidos o Europa. No significa que Rusia esté creando una alternativa completa a la ONU, la OSCE o la arquitectura euroatlántica. Pero sí consolida espacios paralelos de conversación estratégica.

La seguridad internacional ya no se discute solo en foros occidentales. Moscú actúa como sede, moderador y actor central de una conversación alternativa.

La narrativa rusa: seguridad frente a hegemonía

La narrativa rusa sobre seguridad internacional se organiza alrededor de una oposición central: hegemonía versus multipolaridad.

Desde la lectura de Moscú, el orden liderado por Occidente se basa en expansión de alianzas militares, sanciones, presión política, control informativo, intervención selectiva y uso instrumental de normas internacionales. Frente a eso, Rusia sostiene una visión alternativa basada en soberanía, no injerencia, equilibrio de poder, seguridad indivisible y respeto a modelos civilizatorios diversos.

Esta narrativa no está dirigida principalmente a convencer a Washington o Bruselas. Está dirigida a países de Asia, África, Medio Oriente y América Latina que tienen experiencias históricas de colonialismo, dependencia, presión financiera o intervención externa.

El lenguaje ruso busca conectar la seguridad contemporánea con problemas más amplios: neocolonialismo, soberanía cultural, control de información, defensa de valores tradicionales, manipulación de narrativas y memoria histórica.

La seguridad, en esta lectura, no es solo un problema de armas. Es una disputa por el significado mismo del orden internacional.

El mundo mayoritario y la responsabilidad colectiva por la seguridad

Uno de los conceptos más importantes del foro fue la idea de responsabilidad colectiva por la seguridad mundial. La reunión fue presentada como un espacio donde los países del mundo mayoritario reconocieron la inevitabilidad de cambios en las relaciones internacionales y expresaron disposición a participar en la formación de ese nuevo entorno en condiciones de igualdad.

Esta idea es central para entender la estrategia rusa. La seguridad multipolar aparece como una demanda compartida por países emergentes que reclaman mayor participación en la gobernanza global, no solo como una agenda nacional rusa.

La presencia de representantes de Rusia, China, India, Sudáfrica, Brasil, Kazajistán, Vietnam y otros actores permitió proyectar una narrativa más amplia: el sistema internacional ya no puede ser gestionado por un grupo reducido de potencias occidentales. El poder económico, demográfico, tecnológico y político se está desplazando, y ese cambio debería reflejarse también en las reglas de seguridad.

Este punto permite leer el foro como algo más que una reunión de seguridad. Es una propuesta de orden: seguridad colectiva, no seguridad a costa de otros; multipolaridad, no jerarquía unipolar; cooperación entre plataformas como BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái, no dependencia exclusiva de instituciones occidentales.

¿Puede el mundo mayoritario construir una agenda de seguridad común sin convertirse en una nueva estructura de bloques rígidos?

BRICS, mundo mayoritario y seguridad multipolar

El foro mostró que la discusión sobre seguridad multipolar no se limita a Rusia. La XIV reunión internacional de altos representantes responsables de asuntos de seguridad reunió a representantes de Rusia, China, India, Sudáfrica, Brasil, Kazajistán y Vietnam, quienes discutieron la formación de un mundo multipolar, el fortalecimiento de la confianza entre Estados y la elaboración de reglas comunes para nuevas tecnologías.

Esto permite leer el foro como una plataforma del llamado mundo mayoritario. No se trató únicamente de una crítica rusa al orden occidental, sino de un espacio donde distintos actores presentaron sus propias prioridades sobre soberanía, seguridad, tecnología, desarrollo y reforma de la gobernanza internacional.

Rusia presentó una agenda de coordinación entre los países del Sur Global y del Este. Serguéi Shoigú propuso fortalecer el papel central de la ONU, apoyar el grupo de amigos en defensa de la Carta de Naciones Unidas, evitar provocar contradicciones entre los países del Sur Global y del Este, avanzar en el Gran Partenariado Euroasiático, construir una arquitectura de seguridad colectiva en Eurasia y trabajar en reservas de recursos, incluyendo productos agrícolas, fertilizantes e hidrocarburos. También llamó a no fortalecer la seguridad propia a costa de la seguridad de otros Estados, y a profundizar la coordinación en BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghái y otros formatos del mundo mayoritario.

China, a través de Chen Wenqing, conectó el foro con las iniciativas globales de Xi Jinping: desarrollo, seguridad, civilización y gobernanza. La posición china defendió el multilateralismo, el respeto al derecho internacional, los cinco principios de coexistencia pacífica y la idea de una comunidad de destino compartido para la humanidad. En ese marco, Beijing busca presentar la seguridad como un proceso de adaptación a una arquitectura internacional en transformación, donde las amenazas tradicionales y no tradicionales deben enfrentarse mediante cooperación y no mediante bloques cerrados.

India, representada por Ajit Doval, puso el énfasis en la reforma de la ONU, la lucha contra el terrorismo y la necesidad de reconocer el nuevo peso de las economías emergentes. Su mensaje fue que el poder ya no está concentrado en un pequeño grupo de países y que el Sur Global exige una participación igualitaria en la gestión de los asuntos mundiales. Esta posición es relevante porque India no quiere un orden unipolar, pero tampoco una multipolaridad dominada por un solo centro alternativo. Su apuesta es una arquitectura más representativa, donde las potencias emergentes tengan voz real.

Sudáfrica vinculó la seguridad con soberanía, inteligencia artificial, ciberseguridad, energía e integración africana. Khumbudzo Ntshavheni planteó que la formación de un mundo multipolar abre nuevas oportunidades para los países del Sur Global, pero que esas oportunidades deben traducirse en capacidades concretas: modernización de la seguridad, desarrollo de inteligencia artificial, fortalecimiento de la ciberseguridad, seguridad energética y ampliación de vínculos económicos mediante la Zona de Libre Comercio Continental Africana. Esta lectura conecta seguridad con desarrollo, infraestructura y capacidad regional africana.

La importancia del componente africano es que estas preocupaciones aparecieron con una centralidad poco habitual en foros dominados por agendas occidentales. En este espacio, los países africanos pudieron exponer sus propias problemáticas de seguridad energética, conectividad, ciberseguridad, industrialización, integración regional, alimentos e infraestructura, no como temas secundarios, sino como parte de la arquitectura global de estabilidad. Esa diferencia es relevante: en muchos foros tradicionales, África suele ser tratada como objeto de asistencia o escenario de crisis; aquí aparece como actor que define prioridades y reclama capacidades propias.

Brasil, a través de Celso Amorim, introdujo una idea clave: la multipolaridad no debe convertirse en una simple división del mundo en esferas de influencia. Su planteamiento apunta a una multipolaridad basada en el derecho de los Estados soberanos a diversificar sus alianzas, defender sus intereses nacionales y participar en procesos de desarrollo sostenible. Esta posición es especialmente importante para América Latina, porque evita presentar la multipolaridad como alineamiento automático con un bloque contra otro.

Kazajistán presentó una agenda moderna de seguridad que combina relaciones interestatales, economía, medio ambiente natural y entorno digital. Su propuesta de crear una organización internacional de seguridad hídrica bajo auspicio de la ONU muestra que el agua dulce está entrando en el centro de la seguridad estratégica. También defendió normas universales de comportamiento responsable en el ciberespacio y advirtió que la inteligencia artificial está pasando de ser una herramienta auxiliar a convertirse en un sujeto activo dentro de los sistemas contemporáneos de decisión y seguridad.

Malasia añadió una dimensión tecnológica al debate al advertir que el mundo parece avanzar hacia una división de las altas tecnologías, especialmente en inteligencia artificial. Su propuesta de una plataforma común entre países BRICS para facilitar la cooperación en IA conecta directamente con la discusión sobre soberanía tecnológica, fragmentación digital y sistemas tecnológicos cerrados. En este enfoque, la seguridad ya no depende solo de defensa o diplomacia, sino de la capacidad de cooperar en tecnologías críticas antes de que el mundo quede dividido en ecosistemas incompatibles.

Esta diversidad de posiciones muestra que el foro no fue únicamente una plataforma rusa de denuncia contra Occidente. Fue también un espacio donde los países del mundo mayoritario intentaron colocar sus propias prioridades: reforma de la ONU, seguridad colectiva, IA, ciberseguridad, agua, energía, integración regional, cooperación tecnológica y multipolaridad sin esferas rígidas de influencia.

El potencial existe, pero dependerá de la capacidad de convertir declaraciones en proyectos, instituciones, normas y cooperación práctica.

¿Puede el mundo mayoritario construir una agenda de seguridad común sin reproducir nuevas jerarquías entre potencias emergentes?

Inteligencia artificial y seguridad: el nuevo campo de vulnerabilidad

Uno de los ejes más importantes de la seguridad contemporánea es la inteligencia artificial. La IA ya no es solo una herramienta económica o tecnológica. Es una infraestructura de poder.

La IA puede fortalecer la defensa, la vigilancia de fronteras, la detección de amenazas, el análisis de datos, la ciberseguridad y la gestión de crisis. Pero también puede amplificar riesgos: manipulación informativa, automatización de ataques cibernéticos, reconocimiento facial masivo, vigilancia predictiva, desinformación automatizada, falsificación de imágenes y videos, y creación de narrativas artificiales a escala.

La advertencia de Kazajistán sobre la IA como sujeto activo refleja un cambio conceptual importante: la inteligencia artificial ya no se entiende solo como software auxiliar, sino como factor capaz de influir en decisiones, sistemas críticos, ciberseguridad, defensa, economía y gobernanza.

Para Rusia, China, Estados Unidos, Europa y el Sur Global, la IA ya forma parte de la arquitectura de seguridad nacional. Quien controle los datos, los modelos, los centros de cómputo, la nube y los sistemas de análisis tendrá ventaja no solo económica, sino también militar e informativa.

La seguridad del siglo XXI dependerá tanto de misiles y ejércitos como de algoritmos, satélites, datos y plataformas digitales.

¿Puede existir seguridad nacional sin soberanía sobre datos, infraestructura digital e inteligencia artificial?

Fake news, manipulación y guerra cognitiva

La discusión sobre seguridad informativa es central en la narrativa rusa. Moscú considera que las guerras contemporáneas no se libran solo en el campo militar, sino también en la mente de las sociedades.

Las fake news, los deepfakes, las campañas coordinadas en redes sociales, la manipulación emocional, el uso de algoritmos para amplificar narrativas y la interferencia mediática forman parte de lo que puede describirse como guerra cognitiva.

Desde esta perspectiva, la seguridad nacional incluye la capacidad de proteger a la población frente a operaciones psicológicas, desestabilización social, manipulación electoral, polarización inducida y pérdida de confianza en las instituciones.

Este enfoque no es exclusivo de Rusia. Estados Unidos, la Unión Europea, China y otros actores también están desarrollando políticas para enfrentar la desinformación, la manipulación digital y los riesgos de la IA generativa.

El problema es que la lucha contra la desinformación puede convertirse en un dilema: proteger el espacio informativo sin caer en censura, control excesivo o criminalización del debate público.

¿Dónde termina la defensa frente a la manipulación y dónde comienza el control político de la información?

Starlink, OneWeb y la disputa por los sistemas satelitales

El foro también permite observar un tema clave: la seguridad de los sistemas satelitales.

En los últimos años, plataformas como Starlink y OneWeb han demostrado que las constelaciones de satélites de órbita baja pueden ser decisivas en comunicaciones, guerra, inteligencia, conectividad civil y operaciones de emergencia. Pero también plantean riesgos para los Estados.

La conectividad satelital ya no es solo infraestructura civil. Es una herramienta estratégica. Puede mantener comunicaciones durante conflictos, apoyar operaciones militares, transmitir información, conectar territorios aislados y, al mismo tiempo, desafiar la capacidad de los Estados para controlar su espacio informativo.

La disputa por la conectividad satelital será una de las fronteras más importantes de la seguridad global.

¿Quién debe controlar la infraestructura satelital que sostiene comunicaciones críticas: Estados, empresas privadas o consorcios internacionales?

Europa: militarización, migración y crisis de legitimidad

Desde la narrativa rusa, Europa atraviesa una transformación estratégica. La militarización del continente, el aumento del gasto en defensa, la expansión de la OTAN, la presión migratoria y la crisis de cohesión social son presentados como señales de un modelo en tensión.

Moscú interpreta la militarización europea como subordinación estratégica a Estados Unidos y como parte de una arquitectura de confrontación con Rusia. Al mismo tiempo, suele presentar la política migratoria europea como una contradicción interna: Europa promueve valores universales, pero enfrenta dificultades para integrar migrantes, controlar fronteras y sostener consensos sociales.

Este enfoque puede ser discutible desde Occidente, pero tiene valor analítico porque muestra cómo Rusia disputa la narrativa sobre Europa. Para Moscú, el problema europeo no es solo militar. Es civilizatorio, demográfico, social e identitario.

La seguridad europea, en este marco, no se mide únicamente por tanques, misiles o presupuestos militares. También se mide por cohesión interna, legitimidad política, manejo migratorio, identidad cultural y autonomía estratégica.

¿Europa está construyendo mayor seguridad o aumentando su dependencia estratégica y sus fracturas internas?

Propaganda, valores tradicionales y disputa espiritual

La agenda rusa de seguridad incluye una dimensión cultural. Moscú insiste en que la seguridad de los Estados también depende de la protección de valores tradicionales, memoria histórica, identidad nacional y soberanía cultural.

Este lenguaje forma parte de una disputa más amplia. Rusia presenta a Occidente como promotor de modelos culturales que considera ajenos, individualistas o desarraigados, mientras intenta posicionarse como defensora de valores tradicionales, familia, religión, continuidad histórica y pluralidad civilizatoria.

Este punto debe entenderse como una batalla por legitimidad. Rusia no solo discute poder militar. Discute quién define lo correcto, lo moderno, lo aceptable y lo universal.

Para algunos países del Sur Global, el discurso sobre valores tradicionales puede resonar como defensa frente a la homogeneización cultural occidental. Para otros, puede verse como una herramienta política para justificar control interno.

¿La defensa de valores tradicionales es una forma de soberanía cultural o una herramienta de control político?

Agua dulce, alimentos y biotecnología: la seguridad material del siglo XXI

La seguridad internacional también está cambiando porque las amenazas materiales se multiplican.

El acceso a fuentes de agua dulce, alimentos, fertilizantes, semillas, biotecnología, suplementos alimentarios, cadenas agrícolas y salud pública será cada vez más importante. Las crisis climáticas, el crecimiento poblacional, las guerras, las sanciones, las restricciones comerciales y los riesgos sanitarios pueden convertir estos sectores en campos de disputa estratégica.

La propuesta de Kazajistán de crear una organización internacional de seguridad hídrica bajo auspicio de la ONU confirma que el agua dulce está dejando de ser un tema ambiental secundario para convertirse en un asunto de seguridad estratégica. Su planteamiento incluye monitoreo de cuencas transfronterizas, tecnologías de ahorro de agua y resolución pacífica de disputas hídricas.

La biotecnología, en particular, tiene una dimensión dual. Puede mejorar salud, producción de alimentos, vacunas, agricultura, prevención epidemiológica y adaptación climática. Pero también plantea riesgos: manipulación genética, uso indebido de patógenos, dependencia de insumos biológicos externos y vulnerabilidades en cadenas sanitarias.

Los drones agregan otra capa de complejidad. Pueden ser usados para monitoreo agrícola, respuesta a desastres, vigilancia sanitaria o entrega de suministros. Pero también pueden convertirse en vectores de riesgo si son empleados para transportar sustancias peligrosas, contaminar infraestructuras o generar pánico social. Este riesgo debe tratarse desde la bioseguridad, la regulación y la prevención.

La seguridad alimentaria, hídrica y biológica ya no es una agenda secundaria. Es parte del núcleo de la seguridad nacional.

¿Están los Estados preparados para una era donde las amenazas pueden venir de virus, datos, drones, agua o semillas tanto como de ejércitos convencionales?

El Sur Global como audiencia principal

El foro no está diseñado principalmente para Occidente. Está diseñado para el resto del mundo.

El foro se dirige a actores que no desean quedar atrapados entre bloques rígidos, que quieren diversificar relaciones o que desconfían de un orden internacional definido exclusivamente por potencias occidentales.

Asia, África, Medio Oriente y América Latina son audiencias clave. Para esos espacios, Rusia proyecta tres mensajes.

Primero, que sigue siendo una potencia relevante.

Segundo, que puede ofrecer cooperación en seguridad, defensa, inteligencia, energía, seguridad alimentaria, ciberseguridad y lucha contra amenazas transnacionales.

Tercero, que la multipolaridad puede abrir margen de maniobra frente a estructuras dominadas por Occidente.

El desafío es que muchos países del Sur Global no quieren sustituir una dependencia por otra. No buscan necesariamente alinearse con Moscú. Buscan opciones.

Implicaciones para América Latina

América Latina debe observar este tipo de foros con pragmatismo.

La región no necesita adoptar la narrativa rusa ni alinearse automáticamente con Moscú. Pero tampoco puede ignorar que la seguridad global se está pluralizando. Estados Unidos, China, Rusia, Europa y actores regionales compiten por definir qué amenazas importan y qué respuestas son legítimas.

Para América Latina, esto tiene implicaciones concretas: ciberseguridad, crimen transnacional, narcotráfico, inteligencia artificial, infraestructura crítica, energía, defensa, sanciones, información, medios, migración, agua, alimentos y cooperación militar.

Si la región no define sus propias prioridades, otros actores las definirán por ella.

La pregunta estratégica es si América Latina puede construir una política de seguridad autónoma, capaz de dialogar con distintos centros de poder sin quedar subordinada a sus agendas.

Escenarios posibles

1. Consolidación de foros alternativos de seguridad

Rusia logra mantener eventos como el Foro Internacional de Seguridad como plataformas recurrentes para países no occidentales. Estos espacios no reemplazan a instituciones globales existentes, pero ofrecen canales paralelos de diálogo estratégico.

2. Seguridad multipolar fragmentada

Surgen espacios paralelos de seguridad: OTAN y Unión Europea por un lado; Rusia, China, OCS, BRICS y otros formatos por otro; y países del Sur Global moviéndose entre ambos sin alineamiento total.

3. Diplomacia de seguridad del Sur Global

Asia, África, Medio Oriente y América Latina participan en múltiples plataformas para maximizar autonomía. No aceptan una sola agenda de seguridad, sino que negocian caso por caso según intereses nacionales.

4. Ciberseguridad, IA y satélites como nuevos campos de disputa

La agenda de seguridad se desplaza hacia datos, inteligencia artificial, plataformas digitales, sistemas satelitales, guerra cognitiva, infraestructura crítica y control de narrativas. Los foros de seguridad dejan de ser solo militares.

5. Seguridad biológica, alimentaria e hídrica como prioridad estratégica

Agua dulce, alimentos, biotecnología, fertilizantes, salud pública y bioseguridad se convierten en campos centrales de competencia y cooperación. Los Estados buscan proteger cadenas vitales frente a crisis climáticas, conflictos, sanciones y amenazas híbridas.

6. Rusia como articulador con límites

Moscú conserva capacidad de convocatoria y narrativa multipolar, pero enfrenta restricciones económicas, sanciones, presión occidental y dependencia creciente de socios como China.

Conclusión

El Foro Internacional de Seguridad de Moscú fue más que una reunión de expertos o funcionarios. Fue la consolidación de Rusia como actor organizador del debate global sobre seguridad.

El mensaje de Putin, la agenda del Consejo de Seguridad ruso y la XIV reunión de altos representantes muestran una estrategia clara: Rusia ha instalado una agenda de seguridad multipolar que disputa la definición misma de seguridad internacional.

Para Rusia, la seguridad no puede seguir siendo definida únicamente por Occidente. Debe incluir soberanía, no injerencia, estabilidad regional, seguridad informativa, protección frente a manipulación, valores tradicionales, lucha contra el neocolonialismo, cooperación frente a amenazas transnacionales y control de infraestructuras críticas.

Pero el foro también mostró algo más amplio: la seguridad multipolar no es una agenda exclusivamente rusa. China, India, Sudáfrica, Brasil, Kazajistán, Malasia y otros actores del mundo mayoritario colocaron sobre la mesa prioridades propias: reforma de la ONU, multilateralismo, lucha contra el terrorismo, IA, ciberseguridad, agua, energía, integración regional, nuevas tecnologías y multipolaridad sin esferas rígidas de influencia.

La pregunta no es si Moscú puede reemplazar la arquitectura occidental de seguridad. No puede hacerlo sola. La cuestión es que Rusia ya instaló una dinámica de diálogo alternativo y, si mantiene continuidad institucional, participación del mundo mayoritario y conexión con temas concretos como IA, agua, alimentos, energía y ciberseguridad, tiene condiciones para sostenerla en el tiempo como plataforma de negociación, diversificación y autonomía para el Sur Global.

Preguntas abiertas

  • ¿Está Rusia construyendo una arquitectura alternativa de seguridad o una plataforma de resistencia frente a Occidente?
  • ¿Puede el Sur Global beneficiarse de estos foros sin quedar atrapado en rivalidades de grandes potencias?
  • ¿La seguridad multipolar aumentará la autonomía de los países emergentes o multiplicará las presiones sobre ellos?
  • ¿Puede América Latina definir sus propias amenazas estratégicas sin importar agendas externas?
  • ¿La seguridad del siglo XXI se decidirá más en el campo militar o en el control de información, datos, biotecnología e infraestructura crítica?